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  La vida de las formas ; Elogio de la mano

Focillon, Henri
Other(s) author(s) : Zamora Águila, Fernando, [itzultzaile] ; Pelaez, Rodolfo, [editore]Language : SpanishMéxico : Universidad Nacional Autónoma, 2010146 orrialde ; 20 cm(Ikus) Testua: bitartekorik gabeSeries : Ensayos (U.N.A.M.)ISBN : 978-607-02-1512-4.Aesthetics |
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Ikasi Gozatu
Current location Collection Call number Status Date due Barcode
Tabakalera-Ubik
Orokorra / General
Arteleku 111 FOC vid (Browse shelf) Available 656470

Liburuan:
En su devenir, las formas artísticas se comportan como entes vivos afincados no sólo en los diversos momentos y lugares de la cultura, sino en la tierra misma. Este es el postulado central del gran historiador Henri Focillon en su clásico "La vida de las formas". Si algo está vivo (las olas del mar, el cuerpo humano o las estrellas) es porque tiene una forma, y si tiene una forma es porque está vivo. Las tradiciones arquitectónica y escultórica, pictórica y dibujística siguen trayectorias vitales en donde se eslabonan varias etapas de los estilos: de experimentación formal (arcaísmo), de estabilidad formal (clasicismo) y de liberación formal (barroco). Tales etapas se van realizando en el espacio, en la materia, en el espíritu y en el tiempo. No hay forma sin materia, así como no hay materia sin espíritu: entenderlo ayuda a superar las contraposiciones empobrecedoras que separan entre si esas tres dimensiones de la vida. Las formas no son imágenes en el sentido de representaciones figuradas, sino patrones biológicos que sustentan la existencia misma desembocando, por ejemplo, en timbres musicales, en ornamentaciones o en tonos cromáticos. Así, en la historia de las artes o de los diseños hay "familias espirituales" que por encima de las diferencias entre sociedades y épocas, o que dentro del mismo entorno social constituyen un tipo específico de humanidad. "En el curso de la historia hay periodos en donde las personas piensan al mismo tiempo las mismas formas", afirma el autor. "Elogio de la mano" es una emotiva meditación sobre ese "rostro sin ojos" que nos identifica ante los demás, pues la mano tiene una especie de fisonomía que se manifiesta en su manera de accionar, en sus obras. "Entre espíritu y mano las relaciones no son tan simples como las de un jefe al que se obedece y un sirviente dócil. El espíritu hace a la mano, la mano hace al espíritu", nos dice Focillon. Mucho de lo humano que hay en nosotros es hechura de nuestras manos (y no de nuestros ojos); gracias a ellas experimentamos volúmenes y densidades, superficies y pesos; gracias a ellas surgieron la matemática y el lenguaje verbal. También por ellas hay obras artísticas, ya que los artistas han sido y siguen siendo "personas manuales". A casi ochenta años de su aparición (1934), y más allá de cualquier moda teórica, estos dos ensayos nos brindan con generosidad una sabiduría estética que no pierde vigencia.

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