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  M Blanchard

Rodríguez Alcalde, Leopoldo
Language : SpanishMadrid : Ministerio de Educacion y Ciencia, Dirección General del Patrimonio Artístico y Cultural, 1975127 orrialde : koloretako eta zuri-beltzeko irudiak ; 17 cm(Ikus) Testua: bitartekorik gabeSeries : Artistas españoles contemporáneos (Ministerio de Educación y Ciencia)ISBN : 84-369-0451-6.Blanchard, María (1881-1932) -- BiographiesMaría Blanchard (Wikipedia es) | (Wikipedia en)
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Ikasi
Current location Collection Call number Status Date due Barcode
Tabakalera-Ubik
Orokorra / General
Arteleku 112 ROD mbl (Browse shelf) Available 652431

Bibliografia: 127 orrialdean.

Liburuan:
María Gutiérrez Blanchard, nacida en Santander y muerta en París, es la pintora española que mayor crédito ha conseguido en nuestro siglo, al precio de una interminable cadena de decepciones y de vicisitudes. Nada favorecida en su físico, hubo de sufrir el calvario humilde y desgarrador de los seres condenados a no conocer el amor, hallando en el ejercicio del Arte su redención, así como el íntimo e inconmensurable deleite de engendrar belleza. Belleza más de una vez destilada de la fealdad o de la vulgaridad, para las cuales tenía la pintora una atención donde fundíanse el cariño y la ironía. María Gutiérrez Blanchard pintó niños, mujeres oscuras, pobres personajes de la calle, ungiéndoles siempre de una mixtura inconfundible de compasión y de acidez.
La pintora, tan valiente en su obra como apocada en su existencia, coincidió con las grandes aventuras estéticas del siglo, y tomó parte en ellas animosamente. Su cuerpo débil rebosaba, cuando sus dedos empuñaban el pincel, de energía apasionada; y María Blanchard, en el difícil y exigente dédalo de París, fue maestra del cubismo, alma gemela de Pablo Picasso y de Juan Gris, aportando a aquella fértil trayectoria una delicadeza revestida de brillantez. Delicadeza que nunca fue tenue y brillantez que nunca fue ruidosa, acritud que por todas partes dejaba apreciar desgarrones de ternura: por eso su pintura revolucionaria se origina siempre en un concepto más cordial que intelectual, dotando al cubismo de una gracia estremecida -y estremecedora- que solamente un alma conocedora de muchos sufrimientos podía captar de tan decisivo modo.
La pintora santanderina, combatiente en París, murió iluminada de fe y deseosa de pintar flores. Sufrió demasiado, conoció algunos triunfos y muchas heridas, pero nunca desmayó en la anhelante búsqueda de la perfección, y en esa perdurable actitud, divinamente rebelde, que ha iluminado, durante todo el siglo a la pintura europea.

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